El barro de tu pecho
corriendo entre mis dedos,
tu piel, tu corazón agitado,
formones que pulieran
sus aristas invisibles, alambres
que vertebren, carne que dome,
sal,
—-sangre,
————la robustez de mis manos
sobre tus tetas dóciles.
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Indudablemente es Dios, que empezaría por Eva, como yo.