El tiempo es un hijoputa. Un profesor amigo me ha invitado a impartir un seminario docente para los alumnos de su curso en la Universidad. Lo mío no es la docencia o por lo menos no lo ha sido hasta ahora pero he de reconocer que no se me da mal y dadas como están las cosas en la empresa privada más vale ir trazando un plan b, c o d alejado de ella. Es el cuarto o quinto año que lo hago y es curioso, es la primera vez que me siento viejo delante de los alumnos. La primera vez que percibo la sensación de que ellos no envejecen -caras distintas que para mi son iguales- y la sensación de decrepitud mía como un anti-Dorian Gray. Hay algunos detalles. Hay una chica de opulentísimas tetas que al final de la clase se me ha acercado a preguntarme una duda y me ha llamado señor y me he cagado en sus muertos por dentro. Tiene cojones. Te echaba uno aquí mismo que te meabas… no te jode… señor. En fin, son ese tipo de cosas. Uno ya no es estudiante, lo sé, pero es una putada de difícil digestión ampliamente superada. El caso es que hasta ahora no lo había evidenciado y a partir de ahora es cuando me empiezo a sentir un auténtico no-estudiante. Al terminar mi disertación de dos horas en la que a pesar de todo estoy cómodo y se desarrolla sin mayores problemas nos vamos a desayunar a la cafetería universitaria mi amigo profesor y otro compañero suyo profesor también -éste anciano casi- y yo. Por los pasillos y mientras miro algún joven culo que otro -en mi empresa no hay- le comento esa percepción a mi amigo que no se echa a reír, se descojona y me corrobora la impresión y me adelanta que además ese efecto, lejos de atenuarse, sigue un proceso lento de recrudecimiento año tras año. Se me quitan las ganas de dar clases. Me acuerdo de “Stoner” de John Williams. Este tema no lo toca directamente el libro pero hay un halo misterioso en el distinto transcurrir del tiempo que Williams deja entrever en su novela. Hablamos de Urdangarín y de la crisis, como no. Propongo solapar los dos diferentes prismas por los que verla para trazar alguna diferencia. De todas formas, y aunque haya crisis también en las instituciones y los funcionarios se quejen, las diferencias que yo detecto son notorias a un nivel elemental e intento explicárselas a través de una sencilla anécdota diaria. Por ejemplo, cuando vas a cagar, digo. En mi empresa, a lo largo de estos años de crisis, se han ido recortando partidas de todo tipo. Es el mismo discurrir de cosas que se da en una guerra con la salvedad de que por suerte y por ahora no caen bombas. Si se cae un azulejo, no se repone, si se rompe una bombilla tampoco. No hay pilas ni folios. La toalla del cuarto de baño lleva siglos ahí. Cuando la guerra (crisis) termine todo estará destrozado y llegará la posguerra con su halo de miseria y tristura. Les digo que si te dispones a acceder al cuarto de baño de mi empresa lo primero con lo que te enfrentas es con la oscuridad. No hay luz porque al parecer hay un contacto entre cables por el que salta el automático. O sea, a cagar a oscuras. Aunque lo que hacemos todos es dejar la puerta abierta para que entre algo de luz de las ventanas con el cuidado de que no llegue alguien sigiloso y te pille con los calzoncillos en los tobillos. Si te dispones a limpiar con papel la tapadera donde reposar las nalgas te darás cuenta de que está partida, rajada, rota en dos, y si no lo haces y ya te has sentado sentirás un tremendo pellizco en la nalga por el que blasfemarás como un cabrón durante un buen rato. Hay que poner un turullito de papel en la grieta de la tapa (me lo dijo un compañero). Si al fin, y con todo, consigues liberar tu ano, te encontrarás con que ¡oh, sorpresa! no hay papel para limpiarse. Esto no voy a decir como se soluciona: Ropa arriba y a buscar clinex por ahí con el culito sucio. Esto último escandaliza a mis amigos tertulianos. No se lo creen. Es lo que tienen las situaciones extremas, que son increíbles. Cuando crees que todo ha terminado tiras de la cisterna y maldición, no funciona porque no hay agua ya que la bomba está estropeada y a veces falla así que o te vas a buscar un cubo de agua para intentar el hundimiento manual o te vas simplemente, eso sí, rezando para que uno de los azulejos sueltos de la pared del WC que no se veía por la oscuridad no se te caiga en la cabeza y te mate y te encuentren muerto con los pantalones por el suelo, la cabeza abierta y el culo cagado. En fin, que esto por ahora, en la Universidad no pasa y creo que es una gran diferencia, un abismo importante. El amigo profesor de mi amigo -el anciano- es un tipo serio con gesto recto que escucha con atención mi historia real sobre el cagadero de la empresa privada. Al final me parece que casi se emociona el tío. Me mira con lástima, con un gesto casi paternal y triste así que decido cambiar de conversación pasando al tan recurrido fútbol donde el anciano me apabulla con su sabiduría histórica del tema. Desde el principio deja claro que es muy madridista. Ha visto jugar a Di Stéfano y ha conocido a Pirri porque su padre fue profesor del extremo merengue cuando éste estudiaba Medicina en Granada. Yo le digo que simpatizo con el Madrid pero que no con los que lo dirigen. El anciano es pro-Florentino y pro-Mourinho. Piensa que hay una corriente político-cultural que favorece al Barcelona además de una confabulación judeo-masónica preferencial para el catalanismo. Yo le digo que el Barcelona se ha apropiado de los valores mejores vistos por la sociedad: talante, buen hacer, cantera, etc. En cambio el Madrid se ha quedado con los malos. Ha apostado por los malos. Para bien y para mal. Mientras me levanto para ir al servicio oigo de resfilón como el anciano le dice a mi amigo profesor: “Éste es un barcelonista que va de tapado”. Tiene cojones, me pueden acusar de madridista o de atlético pero de barcelonista nunca lo habían hecho. Cuando vuelvo le digo que soy del Atleti pero el tipo ya no me presta atención. Seguro que por dentro estará diciendo: “Ojalá le caiga el azulejo ése mientras caga”. Puto viejo. Me despido de ambos agradeciéndole a mi amigo su llamada y me voy al cementerio de entierro. La abuela de un amigo. 99 años. Definitivamente el tiempo es un hijoputa.
TINTA ELECTRÓNICA (25): EL TIEMPO ES UN HIJOPUTA
24 enero 2012 por elcefiro
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Escrito en Literatura | Etiquetado El tiempo es un hijoputa, Mi mundo, Tinta electrónica | 13 comentarios
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Qué bien leerte así, largo y tendido
me he reído mucho a tu costa… me has alegrado la triste mañana laboral. en mi trabajo por ahora no llegamos a tanto, pero nunca se sabe. a ver si hablamos pronto… un beso
Ey primita! tú siempre te ríes a mi costa, hablamos esta semana.
a Raúl le llaman SEÑOR en Alemania, y es más joven que yo, los niños me piden la hora, señor, además sin por favor, y en mi curro me llevo yo el papel.
imagina lo que es dar clases en secundaria y que cada curso sean igual de crios, con la misma vitalidad desatada, mientras la tuya va menguando; conozco eso que dices
Curiosamente has repetido casi el título en castellano de la novela de Jennifer Egan que ganó el Pulitzer el año pasado: ‘El tiempo es un canalla’, auqnue queda mejor tu título
1. Eres muy joven, chaval. Ya verás de aquí p´alante…
2. En la enseñanza hay tugurios muy similares al tuyo, depende de para donde mires.
3. ¿Y teneis estufa?, porque yo no.
Sí, sí: que cómo inventaría tu compi ese arreglo para la taza. ¿Cuántas horas le echaría? ¿Cuántos suspiros? XD
Me has hecho ver lo afortunado que soy. Los baños de la empresa (privada) para la que trabajo son decentes…
¿No hay botón de “me gusta”?
He estado a punto de amenizarlo con imágenes Javier… pero tampoco era plan de herir la sensibilidad de nadie.
Los alumnos universitarios no envejecen porque ya lo han hecho antes: mira algunas caras de cuarto de ESO y verás que no se diferencian tanto. El tiempo es un tío despreciable,sí, pero también es un chicle según el extremo.
Además, el poder es sexy y seguro que la pechugona quería algo. XD
Yo creo que como mucho quería información, jart!
Me gusta pensar en esa elasticidad que le atribuyes al tiempo.
¿No me comentas nada de los efectos colaterales que está provocando la crisis en la empresa para la que trabajo (léase pasaje del WC)?
Lleva usted razón señor, el tiempo es un hijo de puta. Yo siempre he pensado que todos somos inmortales hasta que no se demuestre lo contrario. Un abrazo, compañero