Hace ya mucho tiempo que esa luz,
la que desde sus límites precisos
descendía a los vivientes y las cosas
subrayando sus rumbos, ya no existe.
Quedan las limpias tardes con viento de poniente,
ciertos perfiles de un cuenco de barro
que dicen esa estrofa de mutilados versos
en la que venteamos un resto de esplendor.
Lo demás es penumbra, griterío,
la deformante grieta del espejo,
los años desecando tanto aljibe
para, al cabo, encontrar monedas de latón.
Antonio Martínez Sarrión. Extraído de “De acedía”. Hiperión. 1986.

sí, también, y como persona, pero ya te digo lo que más aprecio en él
Yo lo tengo como referencia cultural un poco por todo: su trabajo como memorialista, como tú dices, es magnífico aunque sólo he leído su infancia, también estupenda su traducción de “Las flores del mal” (hay por ahí algunas que dan pena) y su poesía me fascina por su sencillez y porque entronca con temas que me son muy afines… un poco pop también, de lo beat. Su “Teatro de operaciones” recién re-editado hay que tenerlo.
Como persona ya me gustaría conocerle pero no. ¿Tú sí?
Curiosamente, me gusta más Martínez Sarrion como prosista de Diarios que como poeta, pero la última metáfora de este poema es preciosa: las monedas de latón en el fondo del aljibe seco…
¿No te gusta como crítico de cine?